domingo, 31 de octubre de 2010

"La derecha peruana nunca gana las elecciones. Perdió contra Alan García en 1985, contra Fujimori en 1990, contra Toledo en 2001 y García el 2006".

“En el Perú apenas existe una derecha liberal”

Politólogo estadounidense, formado en Stanford, doctorado en Berkeley y profesor en Harvard desde 1999, Steven Levitsky sostiene una relación intensa con América Latina. Vivió en Honduras, Nicaragua y Argentina antes de llegar al Perú por primera vez a mediados de los noventa. Casado con una periodista peruana, fascinado por la cultura y la historia política del país, Levitsky ha seguido de cerca el proceso político peruano, y es autor de una decena de ensayos sobre democracia y partidos políticos. Hoy está otra vez en Lima, gracias a una invitación de la PUCP, dictando por un semestre el curso “Regímenes políticos comparados”. Aquí su visión de la coyuntura local de cara a los comicios del 2011.

Por: Enrique Patriau

¿Qué representa la victoria de Susana Villarán para la izquierda peruana?

–No representa una victoria de la izquierda. Como en todas las elecciones en el Perú, es más un triunfo personal. Si la campaña duraba una semana más, Lourdes Flores hubiese sido la ganadora.

–¿Tanto así?

–La última semana de la campaña de Villarán fue una de las peores estrategias electorales que he visto en mi vida. Un desastre. Su performance en el debate fue muy mala, no respondió a nada, se puso muy conservadora, muy tímida. Prefirió no arriesgar sus puntos de ventaja y prácticamente desapareció del escenario. En cambio, Lourdes estuvo muy fuerte, salía en la televisión a cada hora, y casi la alcanza. Ha sido una elección muy volátil.

–Pero de alguna manera la izquierda podría beneficiarse.

–No veo mucha evidencia de que el electorado limeño se haya pegado a la izquierda. Sin embargo, Fuerza Social es un sector que, a pesar de no haber tenido mucho éxito en el pasado, representa un esfuerzo coherente por convertirse en una opción de centroizquierda. Esta podría ser la oportunidad para construir un espacio de centroizquierda. Fuerza Social no tiene nada que ver con los grupos de izquierda, como Patria Roja, ni con el nacionalismo. Es un grupo de clase media progresista, con muchos tecnócratas y sectores moderados de lo que fue Izquierda Unida.

–¿Qué tendría que ocurrir para que la izquierda aproveche esta oportunidad?

–Para empezar, gobernar bien. Ahora, no olvidemos que la relación entre el éxito de un candidato y el éxito de sus aliados es muy débil. Fujimori nunca pudo endosar votos. Alan García es una cosa, pero al Apra le fue muy mal en las elecciones. Lo mismo pasa con Alejandro Toledo y Perú Posible.

–¿No cree que en esta última elección parte de la derecha peruana reveló su lado más cavernario?

–Sí. Desde luego, existen muchas derechas. Hay una ligada a la Iglesia Católica y muy conservadora, tienes al fujimorismo, a la derecha no partidaria pero militarista, y al propio gobierno aprista aliado con Giampietri y Cipriani. De todas ellas, la derecha fujimorista es la que tiene más apoyo electoral. Lo que me llama la atención es que la derecha liberal apenas existe. Ni se le vio en esta campaña. La única voz de derecha liberal que se escucha aquí viene de fuera, es la de Mario Vargas Llosa. Eso es preocupante.

–¿Qué diferencia a la derecha peruana de las otras derechas de la región?

–Que la derecha de otros países, salvo quizás en Colombia, no es tan militarista. En el Perú sobrevive una derecha abiertamente enfrentada al sistema internacional de los derechos humanos. Ese tipo de derecha ya se está muriendo en otros países, miremos a Chile, Argentina, Brasil…

–¿Y considera que es una derecha con alguna posibilidad de éxito electoral?

–No. La derecha peruana nunca gana las elecciones. Perdió contra Alan García en 1985, contra Fujimori en 1990, contra Toledo en 2001 y volvió a perder con García en 2006. Y sin embargo, ha tenido la suerte de que casi todos los gobiernos en los últimos veinte años aplicaron políticas conservadoras.

–¿Salvo Toledo?

–Toledo gobernó un poco más al centro y fue atacado por eso. Puede decirse que Fujimori y García, en su versión 2006, gobernaron en alianza con la derecha, con un programa muy conservador. Y no me parece que ese programa tenga ahora mucho éxito electoral. Por ejemplo, las encuestas revelan que en Lima la gente ya no está tan preocupada por un rebrote del terrorismo senderista. La corrupción es la preocupación número uno. De ahí que la campaña macartista contra Villarán no le hizo mucho daño. Al contrario, le dio visibilidad. El programa de la derecha no ha ganado las elecciones aquí. ¿Pero qué pasaría si entramos a una situación parecida a la de Bolivia o Argentina? No sabemos si esa derecha va a estar dispuesta a tolerar un gobierno de centroizquierda.

–Quizás ya hemos vivido un escenario de intolerancia con Toledo, sin ser él de izquierda.

–El gobierno de Toledo era más liberal en lo político y en lo social. Tuvo a la prensa en contra, así como a muchos sectores del establishment.

–Hubo mucho racismo.

–Yo creo que sí. Curiosamente, Toledo consolidó un modelo pro mercado, una política exterior pro estadounidense. Es decir, todo lo que una derecha moderna quisiera.

–¿Su opinión de Toledo es positiva?

–No es el mejor político del mundo. Siendo politólogo, a mí me gustan los políticos de carrera, los que tienen experiencia.

–Los animales políticos.

–Sí, eso me gusta en Alan García. El tipo sabe hacer política. Toledo vino como un amateur, evidenció su ineptitud política, pero a la vez demostró ser un demócrata. En su gobierno las acusaciones de corrupción eran cosas más bien menores. Aunque dudaba mucho de él, cuando uno mira su gestión debe reconocerse que ayudó a consolidar la democracia en un ambiente económico excelente. Mucho se debe a que supo escoger bastante bien a sus ministros y los dejó maniobrar. No es un tipo al que le guste controlar todo, al estilo Fujimori o García.

–¿Le ve alguna opción de volver a ganar en el 2011?

–No lo sé. El suyo es un liderazgo personalista, como el de Luis Castañeda o Keiko Fujimori, que ante el electorado no está mal visto pero tampoco.

El peligro fujimorista

–Justamente, ¿y cómo ve a Keiko Fujimori?

–Veo a Keiko como la aliada de los sectores más militaristas del Perú. El suyo es un proyecto personalista, que no necesariamente representa una propuesta política definida. Su padre tampoco representaba algo claro en 1990. Tiraba un poco hacia la centroizquierda, era anti neoliberal, anti Vargas Llosa, populista. Luego terminó gobernando de otra manera. Lo único que me parece claro en Keiko Fujimori es que el suyo no es un proyecto democrático.

–Aunque ella diga lo contrario…

–Es que está rodeada de montesinistas, y de los peores. Recordemos que el fujimorismo gobernó de una manera autoritaria, y no han hecho un reconocimiento de sus errores, no hemos escuchado una autocrítica. El contacto entre Keiko y su padre es fluido. La evidencia nos habla de una fuerza no democrática, no liberal. Y si yo fuera peruano no me arriesgaría.

–¿Vislumbra la aparición de un outsider para las elecciones presidenciales?

– Cuando un sistema de partidos no se ha logrado consolidar, como en este caso, siempre existe esa posibilidad. Dicho esto, me parece que el electorado peruano, sobre todo el de la costa, vive otro momento. Hace veinte años la crisis política, social y económica era muy fuerte. Ahora percibo que el votante peruano está menos dispuesto a apostar por un desconocido. Hay mucho más que perder que en 1990, cuando las cosas ya no podían andar peor. Me sorprendería que ganara un outsider con el discurso de “váyanse todos”.

–De García me ha dicho que destaca su capacidad de hacer política. Su elección del 2006 fue casi un milagro de resurrección después de cómo dejó el país en 1990.

–Es un pragmático. Todos los buenos políticos, los que tienen éxito a través del tiempo, son pragmáticos. Pero el suyo es un caso bastante extremo. Decidió que era más fácil gobernar desde la derecha más dura. Honestamente, pensé que gobernaría tal como lo anunció en su campaña…

–¿Ubicado en la centroizquierda?

–Sí. Un poco a lo Lula. Existía el espacio, había recursos económicos. Y no lo hizo porque era más sencillo gobernar desde la derecha, donde están los empresarios, los militares, la Iglesia. No hay contrapeso en la izquierda.

La democracia peruana

–¿Qué piensa de la salud de la democracia peruana en estos momentos?

–Hay señales buenas y malas. Cada vez que el gobierno de García se acercó a la línea autoritaria, debió retroceder porque la sociedad salió a responderle. García tampoco es un tipo súper autoritario. Eso está bien. Lo malo: el fujimorismo sigue vivo. Eso demuestra que la democracia peruana no está nada consolidada. A eso hay que sumarle que el periodismo, actualmente, no golpea mucho al poder, salvo excepciones contadas. En una democracia liberal se debería investigar más.

–En su reciente libro sobre “autoritarismos competitivos”, usted y Lucan Way destacan que el Perú dejó aquel modelo para convertirse en una democracia que cumple con los requisitos mínimos.

–Efectivamente, el Perú desde el 2001 es una democracia. Y soy optimista en el mediano plazo. No veo que se vaya a seguir un camino similar al de Ecuador o Venezuela, por ejemplo.

–Todo dependerá de quién gane en el 2011.

–Por cierto, la amenaza latente es el fujimorismo. Yo volví al Perú en junio y por entonces estaba convencido de que Keiko tenía un techo, que si bien podía llegar a la segunda vuelta, la oposición a su proyecto era más fuerte. Ahora ando más preocupado.

Veo sectores del establishment, de la clase media y media alta, a los que no les desagrada la idea de tenerla de presidente.

Sorprendente. ¿No? ¿Por qué apostar por alguien como Keiko que solamente traería incertidumbre, inestabilidad política y una mala imagen internacional?

–El riesgo de un retroceso democrático en el Perú se plantearía en términos de lo que usted llama “autoritarismo competitivo”.

–Estoy casi seguro. El riesgo de un golpe militar tradicional es muy bajo.

–Aquí hubo un debate interesante porque algunos analistas y académicos rechazan llamar “autoritarismo competitivo” al régimen de Fujimori. Prefieren calificarlo de dictadura a secas.

–Yo viví en el Perú en los peores momentos del fujimorismo, pero una dictadura es Stalin, China, Cuba. Lo de Fujimori no fue democracia, fue un régimen de naturaleza autoritaria con competencia política, oposición legal y algunos medios opositores. El término “autoritarismo competitivo” surge en el Perú. Admito que es políticamente incorrecto porque hay cierta necesidad de llamar a Fujimori dictador. No sé bien por qué.

–Quizás porque es un poco suave.

–Mira, yo odio a Fujimori. Era un tipo malo, corrupto, autoritario. ¿Simplemente porque no pongo a Fujimori al mismo nivel de Stalin uno es fujimorista? Esa es una tremenda exageración.


“Los peruanos son más optimistas que antes”

–Su relación cercana con el Perú ya lleva quince años. ¿Ha visto cambios importantes en el país?

–Ha sido un shock, una cosa tremenda. Primero, el optimismo. Hablo de Lima, claro, pero ya no veo esas caras de resignación de los noventas. Hablas con los taxistas, con la gente en la calle, con quien sea, y dejan salir una visión positiva sobre su propio futuro y sobre el país.

–¿Sienten que hay más oportunidades?

–Sí. Te cuento una impresión personal. La primera vez que visité a la Universidad Católica, allá en los noventas, era bien pituca, de chicos blancos, y eso hoy ha cambiado mucho. ¿Bien, no? Percibo que sectores sociales que antes no tenían posibilidad alguna de acceder a una educación superior privada de calidad, ahora sí pueden hacerlo. Y eso es muy bueno, es fantástico.

Perfil

• Nombre: Steven Robert Levistky Rubenstein.
• Fecha y lugar de nacimiento: Enero, 1968, Princeton, New Jersey.
• Estudios: Bachiller en Ciencias Políticas por la Universidad de Stanford. Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Berkeley.
• Ocupación: Profesor permanente de la escuela de gobierno de la Universidad de Harvard. Especialidad: Regímenes políticos, partidos y democracia en América Latina. 2010: Profesor visitante en la Facultad de Ciencias Sociales de la PUCP (beca Fulbright)
• Libros: La transformación del justicialismo. Del partido sindical al partido clientelista, 1983-1999 (2003).
-La democracia argentina: la política de la debilidad institucional (2005-coeditor)
-Instituciones informales y democracia. Lecciones desde América Latina (2006)
-Autoritarismos competitivos. El origen y la evolución de los regímenes híbridos después de la Guerra Fría (2010 –escrito con Lucan Way).
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Fuente: Diario La República, revista "Domingo". 31 Octubre, 2010.

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